
Quienes me conocen podrían decir que soy una persona enamoradiza... pero yo no lo veo así, diría más bien que fui una mina que estuvo bastante confundida e insegura, hablé de amor y de la "indicada" en más de alguna ocasión, en lugar de notar que lo que estaba sintiendo era alivio, era difícil para mi diferenciar mis sentimientos con toda la enredadera que tenida metida dentro, estaba en constante dolor y soledad.
Siento que suena cruel de mi parte decir todo esto, porque en lo que fue mi camino de sanación herí a otras personas, me alimenté del amor que me profesaban sin entregarles más que mi confusión y miedos a cambio.
La última vez fue la definitiva para mí, me encontré atrapada en una relación, que inicialmente busqué con todas mis fuerzas, porque me sumía en el olvido y la paz, pero luego las pesadillas y recuerdos me alcanzaron hasta asquearme, descubrí que estaba viviendo una mentira y además estaba arrastrando a alguien más conmigo. Al final me encontré más cansada y herida que inicialmente, cargando mi peso y el de mi "victima" quien me hablaba de amor y odio alternadamente.
Entonces decidí que lo mejor era estar completamente sola hasta sacar todas las malezas que me aprisionaban, me vi frente al odioso fantasma que me seguía a todas partes, la veía caminando junto a mí, dirigiéndome miradas confusas, susurrándome mentiras al oído, bailando frente a mí con una sonrisa indescifrable y lo peor despertando a mi lado. Y odie extrañar las mentiras y su toxico veneno, la lloré una vez más a gritos, le exigí explicaciones temblando y le dije "vete" hasta que la garganta se me secó.
En esos días sólo llegaba mi hermana a mirarme con una mezcla de amor y compasión a extenderme sus brazos para luego explicarme una vez más que debía olvidar y dejar ir. Es que había amado tanto, que aún con todos los daños y las promesas incumplidas me quedaba amor y era incapaz de odiarle. Con cada día que pasaba notaba que el dolor cedía, lo iba asimilando y mi corazón aceptaba lo que mi cabeza sabia hace ya tanto tiempo: "Que ella no era para mí".
Un día simplemente el aire de mi habitación dejó de pesar, miré a mi lado y no había nadie, no estaban esos ojos de niña que me miraban como a su juguete predilecto, de pronto, las pesadillas se fueron y regresaron mis sueños típicos de aliens, viajes espaciales y aventuras en mundos fantásticos. Esa era yo sola sana al fin, luego de enfrentarme al problema y no evadirlo con contraindicadas píldoras.
Sí soy honesta me arrepiento del daño colateral, de forma extraña tomé el papel de mi victimario y estar en su lugar me hizo sentir más segura de quién era yo y lo que no quería ser.
Entonces el verdadero amor vino a golpear mi puerta y yo le abrí y miré con total transparencia, sin superponer a mi fantasma, sólo viéndola a ella y le entregué las llaves de todas mis puertas y ella las tomó todas sin dudarlo y sigue aquí aunque ya ha abierto la puerta de mis miedos y la de mis cicatrices. Cómo no decir gracias hasta las lágrimas entonces...