miércoles, 29 de septiembre de 2010

lagunas mentales

Me sorprendió el día de hoy como un lugar desencadenó una serie de imágenes en mi cabeza y yo simplemente no lo pude detener, de forma inconsciente había estado evitando pasar por allí y es que tengo la odiosa tendencia de dejarme llevar por mis emociones.

De pronto los recuerdos se hicieron muy nítidos y me vi allí, ni siquiera como una película antigua borrosa, fue más bien similar a estar sentada en el cine viendo una escena en 3D...

Me senté en una banca y dije: "no jodas" tuve que detenerme, porque mi corazón se apretaba y me daba ordenes que yo no quería obedecer. Comencé a desglosar las sensaciones de ese nudo incomprensible y surgió: tristeza, vergüenza, rabia, un poco de odio y de duda. Y me pregunte muy seria ¿Para qué?... ¿para qué?... no hay nada pendiente, nada por saber y si lo hay no me interesa, entonces ¿por qué me siento así de pronto? algo dentro de mí exige respuestas, no soporto esa sensación de perdida de tiempo, de desgaste... es una sensación como de haber trabajado durante horas sin obtener resultado alguno.

Al final lo hice a un lado... no me voy a hacer esto, es totalmente innecesario, inútil. El problema es que proyecto mi punto de vista... somos personas distintas, no voy a poder responder el porqué del actuar de otras personas basándome es mi valores. Lo dije muy fuerte dentro de mí, así es ella, nunca le importo pasar a llevar al resto para conseguir lo que deseaba, mentía sin titubear, engañaba creyéndose así superior al resto y me hablaba de sus venganzas entre risas, con orgullo. Entonces volví a alzar la vista, viendo a los fantasmas desvanecerse, ya no me veía llorando a la entrada del metro, encogida y confundida, ahí estaba yo sentada mirando los arboles, un aire fresco acariciaba mi rostro y mi corazón latía muy tranquilo.

Me reí un poco diciendo: "que idiota te pones"

viernes, 10 de septiembre de 2010

De la primera vez que te vi...


Habíamos acordado reunirnos en el metro Bellas artes, yo debía salir de mi casa al recibir tu llamada, estaba escuchando música aquí, con el corazón revolucionado tratando de tranquilizarme, de pronto sonó mi celular y oí tu voz, lo que hizo imposible calmarme, salí corriendo, no porque fuera tarde, una fuerza incontenible movía mis pies hacia ti.

Llegué a la estación de metro, tú aún no llegabas así que me senté en una escaleras a leer, de pronto tocaste mi hombro y te vi ahí sonriendo, me pareció irreal, era la primera vez que nos veíamos, aún así nos queríamos, aún así nos abrazamos largo rato y yo no deseaba ya soltarte más.

Caminamos hacia el parque, conversando nerviosamente, nos sentamos en el pasto, una al lado de la otra, me preguntaba en mi cabeza si te gustaba como me gustabas a mí, si querías el beso que te quería dar, entonces dijiste que sentías frío y tu cabeza llegó a mi hombro y tu aroma a mis sentidos, mi mano busco tus cabellos en una caricia torpe, acerqué mi rostro al tuyo, tocando tu mejilla con la mía, ingresando tu respiración a la mía y llegué a tus labios, con un beso tímido que respondiste mientras tus mejillas se teñían de rojo... al separarnos reímos y nos volvimos a besar.

La primera vez que te vi... pero la verdad es que llevábamos mucho tiempo buscándonos... nos habían hablado de nuestra existencia y de nuestro futuro encuentro y nosotras también le habíamos dicho al mundo que algún día nos encontraríamos.






viernes, 3 de septiembre de 2010

Enfrentándome a la muela del juicio


"La mía venía igual"


La verdad es que en cosas de médicos y dentistas soy una cobarde, no se el porqué, pero siempre imagino la peor situación.

Llevaba días con la molestia provocada por una de las muelas del juicio, así que no me quedó de otra que pedir hora para la extracción. La sentencia ya tenía hora y fecha: Jueves 02 de septiembre a las 4 de la tarde y ahí estaba yo temblando en la sala de espera, salió del box el cirujano que me atendería y me pregunto: "¿Vienes a sacar la muelita?". "sí" le respondí yo y al verlo alejarse agregué: "¿Qué muelita? muela maricona y la conche...." frase que interrumpió la mirada de reproche de mi madre.

Entré y de partida me pusieron 5 "tubitos" (el cirujano hablaba todo en chiquitito, cómo si eso me fuera a aliviar) de anestesia y empezó, me taparon la cara con un paño color verde oscuro que sólo dejaba mi boca al descubierto, cerré los ojos y me agarré del asiento como si fuera una nave espacial a punto de despegar violentamente. Inicialmente desaparecí de esa sala, mis pensamientos me llevaron directo a los brazos de mi novia, luego la vi riendo con una tiza en la mano dibujando estrellas en el cielo y finalmente a mi lado, las dos boca arriba mirando el universo con las manos entrelazadas. Me hubiese quedado para siempre ahí, pero un sonido realmente horrible me saco de mis pensamientos, el dolor se hizo intenso y no evité quejarme, lo que hizo que aumentaran la anestesia.

Me explicaron que la famosa "muelita" era gigante, por lo que la estaba haciendo pedazos para poder sacarla. Sentí mucha presión, luego una maquina cortando y luego un tirón constante, que resulto ser el cirujano luchando con la raíces.

En fin, llegué a mi casa atontada del dolor producto de esas dos horas de batalla, con la boca aún anestesiada y llena de sangre.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

He vuelto a caminar cantando


Luego de estar juntas esta mañana, me costó mucho dejar de abrazarte. Iba entre tus brazos aliviada, desconectada de todo, reemplazando el aire de la ciudad por tu respiración y decir "nos vemos" salio con tal esfuerzo que me sentí una escolar descubriendo el amor por primera vez.

Tomé mi libro para que el viaje de regreso se hiciera más corto, leía "veronika decide morir" y mi cabeza se lleno de pensamientos, esa chica que no persiguió sus sueños, que se rodeo de defensas para no ser herida y que finalmente se llenó de amargura hasta decidir acabar con su vida... para luego, ya condenada a muerte, descubrir que había más.

Me entristecí por ella, pero al mismo tiempo di gracias, porque estuve a punto de cerrarme yo también a las posibilidades... ese miedo de ser herida otra vez no me embargó al punto de rodearme de muros y aunque llegaron más daños, ahora estaba tocando la felicidad.

Al salir del metro caminé distraída, canté la canción que sonaba en mis oídos, estiré mis brazos y caminé por la orilla de la acera, me acerqué a la reja donde vive ese perro cojo que siempre asoma su cabeza cuando me ve para que le haga cariño, le dije que no fuera tan pesado con los transeúntes y acaricie su cabeza, me reí de nada y de todo y puse la palma de mi mano contra mi corazón y lo sentí aliviado palpitar.