sábado, 27 de noviembre de 2010
vida estas loca
ayer cuando me senté en un rinconcito del patio, el viento me trajo tus palabras, es curioso lo que me cuentas, un tanto divertido... como te enteras de todo, de todos mis movimientos y tratas de ayudarme. Sé lo que tratas de hacer, no quieres mi corazón triste y enviaste a alguien que lo quiere sostener, gracias, pero pasará aún mucho tiempo antes de que esa puerta se destrabe... no soy ciega, ella es mucha de las cosas que me agradan e inevitablemente eso me atrae y me hace buscar su compañía y siento que ella esta buscando la mía, pero estos mismos motivos, me llevan a esperar, debo recoger este desastre con mis manos y luego si ella es paciente y golpea en el momento indicado, quizás le abra la puerta. Pero ahora es demasiado pronto... demasiado pronto
viernes, 26 de noviembre de 2010
Cuando estoy triste
Cuando estoy triste:
Me río de mi misma, hasta que pareciera que realmente no doliera
Salgo de noche a mirar el cielo y sonrió porque la estrellas y la luna siguen brillando como un día cualquiera
Pierdo el apetito, pero aún así como, porque sé que no hacerlo es malo para el cuerpo y los ánimos
Hago ejercicios hasta que el cuerpo no me da más y caigo rendida, sintiendo mis respiración agitada y mi corazón desbocado
Llamo a mis amistades, porque sus voces penetran en mis heridas y las adormecen como si no existieran
Me imagino tiempo después más fuerte e increíblemente feliz
Trato de no enojarme, porque triste y enojada es la peor combinación
Grito obscenidades, como ahora.
Escucho música y me fumo un cigarro
Me imagino muerta y concluyo que es demasiado aburrido y poco original
Hablo con mis animales y les digo lo triste que estoy, porque les importa un bledo
Escribo como me siento estando triste...
miércoles, 24 de noviembre de 2010
adiós
Pensé que estaría enojada, pero no es así, estoy agradecida, la vida me ha regalado una gran alegría, una que temía sentir, porque me aterraba el perderla, pero reflexionando me pregunté "cuanto pagaría yo por esta sensación" y respondí, "pagaría hasta con mi corazón roto una vez más" y entonces puse mi corazón sobre la mesa y recibí más de lo que esperaba. Y ahora yo no tengo quejas, puede que duela y duela muchos días más, pero cuando mire hacia atrás no recordaré lo malo, me quedaré con todo lo bueno grabado en mi cabeza, como se impregna un tatuaje en la piel.
Tengo una tristeza tan feliz en mi pecho y ahora que el tiempo haga lo suyo y yo por mi parte abriré mis manos de par en par y dejaré partir, sin herir, sin retener y sin mirar.
Tengo una tristeza tan feliz en mi pecho y ahora que el tiempo haga lo suyo y yo por mi parte abriré mis manos de par en par y dejaré partir, sin herir, sin retener y sin mirar.
lunes, 22 de noviembre de 2010
El amor de un demonio
Ella parecía una chica como cualquier otra, pero en realidad provenía de las profundidades, se había escapado del infierno apenas tuvo consciencia de que vivía en él. Salio a la superficie envuelta en llamas e impregnada de olor a azufre. Sin siquiera entenderlo llevaba intrínseca la necesidad de alimentarse de almas, de sembrar mentiras y mutilar corazones.
Estaba condenada a herir constantemente a quienes llegaba a querer y pobre de aquel que de ella se enamorara, porque el amor era su alimento favorito.
Pasó el tiempo y comenzó a tornarse un poco más humana, pero aún convivía con la dualidad de su corazón, pero ya bien sabia de disimular su oscuridad interior con una deslumbrante sonrisa que evitaba miraran dentro de sus ojos llameantes y profundos como un abismo de lamentos. Un día llego una chica, que era un ángel caído, había entregado sus alas a cambio de la posibilidad de tocar lo terrenal, la curiosidad le llevo a ese lugar de sensaciones incompletas, donde la felicidad era inconstante y ansiada. El olor a azufre penetro sus sentidos y se encontró con la niña que cargaba el infierno en su pecho, una demonio desesperada por conseguir humanidad y sin siquiera entenderlo, la imagen de esa criatura en constante lucha contra su maligna naturaleza enterneció cada fibra de cuerpo, le extendió sus brazos, le susurro al oído palabras de amor en un lenguaje que aunque la demonio desconocía entendió, pero a las que no supo responder más que con lágrimas, porque aún no aprendía a amar...
Y esa ángel se enamoro, sabiendo que nunca recibiría a cambio más que dolores y angustias, pero no le importo. Se entregó por completo y a la vez fue tragando pedazos de infierno imposibles de digerir por su cuerpo, día a día se intoxicaba y enfermaba mientras que la niña demonio sentía su infierno desaparecer paulatinamente, hasta que un día escaparon de su boca palabras de amor y comprendió que estaba aniquilando a la persona que más amaba, pero ya era tarde, aunque lo quiso detener, el cuerpo de la ángel estaba infectado con un veneno mortal.
Una fría noche de invierno sería la única testigo de una demonio enamorada, en lágrimas, pidiendo perdón a una ángel agonizante entre sus brazos. Y que crueldad de la vida, que humanizo a ese duro corazón en el momento exacto para comprender el dolor de herir a muerte a quien más amaba.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
secretos que guarda una habitación
Es la primera vez que entro a su habitación, un aroma a incienso penetra mi olfato, mis ojos se mueven inquietos queriendo captarlo todo, una de las paredes ha desaparecido bajo cientos de fotos e imágenes, mis dedos tocan unas estrellas pintadas... ese lugar es un pedazo de su mundo, está cargado de aromas y sensaciones, gotas de infancia, revueltas con adolescencia, preguntas, respuestas, ilusiones, sueños, dolores, alegrías... y amor.
Nos sentamos en su cama, está ahí a mi lado y sabemos que no nos debemos tocar, nuestras manos se rozan casualmente, nos miramos de reojo, con una sonrisa cómplice, los dedos se van entrelazando uno a uno, luego se separan, se vuelven a buscar se aprietan, no puedo escuchar más que mi corazón quejarse de tan dulce agonía, no trato de dar ni un pequeño paso porque temo no poder detenerme, pero ella imprime uno de sus tibios besos en mi mejilla y yo busco la suya, encontrándome en su lugar con sus labios sonrientes y nuestras bocas se encuentran, nuestras manos se sujetan, como advirtiéndose la una a la otra no ir más allá, hemos gatillado esa fuerza incontenible de querer estar cerca, las manos se sueltan, las mías atrapan su rostro y lo atraen con apremio, la suyas juegan con mis cabellos... ambas sabemos que debemos detenernos, nos separamos despacio, seguimos estando demasiado cerca y sólo puedo respirar sus exhalaciones descontroladas y ella las mías, nos miramos a los ojos y susurramos te amos antes de volver a fingir que sólo somos amigas...
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

