miércoles, 10 de noviembre de 2010

secretos que guarda una habitación

 Es la primera vez que entro a su habitación, un aroma a incienso penetra mi olfato, mis ojos se mueven inquietos queriendo captarlo todo, una de las paredes ha desaparecido bajo cientos de fotos e imágenes, mis dedos tocan unas estrellas pintadas... ese lugar es un pedazo de su mundo, está cargado de aromas y sensaciones, gotas de infancia, revueltas con adolescencia, preguntas, respuestas, ilusiones, sueños, dolores, alegrías... y amor. 
 Nos sentamos en su cama, está ahí a mi lado y sabemos que no nos debemos tocar, nuestras manos se rozan casualmente, nos miramos de reojo, con una sonrisa cómplice, los dedos se van entrelazando uno a uno, luego se separan, se vuelven a buscar se aprietan, no puedo escuchar más que mi corazón quejarse de tan dulce agonía, no trato de dar ni un pequeño paso porque temo no poder detenerme, pero ella imprime uno de sus tibios besos en mi mejilla y yo busco la suya, encontrándome en su lugar con sus labios sonrientes y nuestras bocas se encuentran, nuestras manos se sujetan, como advirtiéndose la una a la otra no ir más allá, hemos gatillado esa fuerza incontenible de querer estar cerca, las manos se sueltan, las mías atrapan su rostro y lo atraen con apremio, la suyas juegan con mis cabellos... ambas sabemos que debemos detenernos, nos separamos despacio, seguimos estando demasiado cerca y sólo puedo respirar sus exhalaciones descontroladas y ella las mías, nos miramos a los ojos y susurramos te amos antes de volver a fingir que sólo somos amigas...
  

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