Estaba exactamente tal cómo lo recordaba, el aroma era el mismo, los sonidos, los edificios, los arboles. De toda esa escena lo único que me parecía distinto, era yo. En aquel entonces ni siquiera era capaz de saber dónde estaba parada, realmente ni siquiera me importaba, yo avanzaba sujetando su mano y el resto... el resto me daba lo mismo.
Yo he cambiado tanto desde entonces que incluso los recuerdos que vienen a mi mente parecen imágenes ajenas a mí, cómo si viese a alguien vivir todas las situaciones desde mi asiento de espectadora. Incluso solté una carcajada cuando tomé la micro, yo ni siquiera era capaz de tomar una micro sola entonces, todo me asustaba. Cómo me ha alegrado sentirme más mujer, más grande y entonces fui tan consciente de que estoy en camino correcto, de que ya mucho antes tomé la decisión correcta, decisión cuya verosimilitud se vio empañada con las dificultades, con todo el dolor que trajo consigo. Lo que me parece normal ya que es típico de mí reaccionar según las sensaciones que algo me produce y la primera que surgió en mí cuando le puse fin a mi relación fue... no la puedo describir... diría que de pronto no pude respirar más, de un momento a otro no era capaz de nada, ni siquiera de levantarme porque para mí no había nada por lo que valiese la pena seguir con vida. Y mi mente sólo se perdía en torcidas maquinaciones de cómo ponerle fin a todo.
Hoy miré todo aquello hacia atrás y estaba tan equivocada entonces, tan perdida, todo aquello ni siquiera daba para una introducción de mi vida. No voy a olvidar, no voy a olvidar nada de esto, en especial lo que más dolió porque olvidar significaría cometer lo mismos errores.
Se han perdido tantas cosas de esta caja fuerte que es mi corazón, pero bajo un piso falso viven tranquilos mis más dulces sueños y a ellos nadie les puede dañar.
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