viernes, 8 de julio de 2011
vivir sin mí
Yo vivía en una burbuja, había decorado las murallas con dibujos de mi infancia y la había amoblado con sueños, dentro de ella reinaba una felicidad ingenua e infantil que era mi única realidad y todo el resto lo veía desde lo alto y me parecía ajeno e irreal. Del día en que mi burbuja se destruyó poco recuerdo, pero de lo más alto llegué a lo más bajo, a las profundidades y me levanté aturdida y enloquecida, ya sin mis muros coloridos protegiéndome me armé con puro orgullo y pasé a estar constantemente sonriente, ebria y pérdida sin saber quien era, pero sonriente, triste y devastada, pero sonriente, planeando acabar con mi vida pero sonriente, siempre siempre sonriente. Siempre contando mis tristezas entre risas, para que el resto riera conmigo, porque si alguien me dirigía una mirada de lastima, me sentía realmente herida y patética. De pronto ya no confiaba en nadie, todos me habían fallado, familia, amigos, pareja y yo los maldecía para mis adentros, mandándolos a la mierda a todos, buscándolos a ratos cuando la soledad pesaba más de lo soportable. Al final me di cuenta que tenía el corazón podrido, me habían envenenado y yo sólo lo dejé estar. Había bajado 15 kilos para ese entonces, me había cortado el pelo con mucho estilo y había comprado un montón de ropa. Comenzó a hacerse me habitual ir a discos, dónde siempre se me acercaban mujeres a hablarme sobre mi pelo, mi aroma, mis ojos, mis labios, mi estilo y luego me pedían un beso, a modo de recompensa por lo piropos, a mí ya en estado etílico, me daba lo mismo, así que las besaba y luego fingía ir al baño para no tener que escucharlas más. En eso me había transformado: en un envase vacío, en una adicta al alcohol y al carrete. Porque ebria no sentía nada, me borraba y dormía sin pesadillas, con la mente en blanco. Entonces una amiga me escribió, una ex compañera del colegio y me dijo, que esa no era yo, qué que estaba haciendo y luego la parte que me golpeo más fuerte que me había transformado en mi ex. Corrí al baño a vomitar y me vi en el espejo, desgastada, con ojeras, pálida y con los ojos inexpresivos. No era yo, no era yo en lo absoluto y me eché a llorar amargamente durante horas y así seguí por varios días, dejé de salir, saqué todos los recuerdos dolorosos de mi pieza y los metí en una caja, empecé a llamar a mis amistades más antiguas, las que realmente me conocían, dejé de tomar por completo y empecé a hacer mucho ejercicio. Me levanté, aún ni sé cómo, pero lo hice y me sentí tan orgullosa de mí misma y desde ese entonces ya nada me parece tan terrible, siempre pienso en la solución, en el lado positivo del asunto, aunque sea una mierda gigante la situación. Lo que sí, mis ojos nunca volvieron a ser los mismos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
La verdad es que algo pasa con los ojos, porque cuando uno se rompe nunca vuelven a ser los mismos =/
ResponderEliminarHas pasado por muchas cosas en la vida, yo creo que lo has hecho bastante bien =D Al final... lo que importa es mirar atrás y sentir que sí aprendiste de lo que la vida intentaba enseñarte, creo yo
Te adoro bonita (: un abrazo!
^^ gracias Pame! te adoro tb
ResponderEliminarun abrazote para ti