Y si fuera tan sencillo cómo apartar nuestras partículas y dejarme sólo a mí, sólo a la original, creo que no lo aceptaría y si dijera que sí caería en la deshonestidad, porque al final la gracia de haber cometido tanto errores, fue el jodido aprendizaje. Lo más probable es que si vinieras hasta mí a pedir perdón, tendría la amabilidad de decir que fuiste uno de mis errores favoritos.
jueves, 28 de julio de 2011
Centrifuga
Dejo escapar ese gesto tan mío, pero que nadie sabe que robé de ti... no sé si decir que lo "robé" porque en realidad nunca lo quise, simplemente quedó ahí impreso en mí, cómo tus caricias y arañazos, todos en mi piel de forma inevitable, mezclados contradictoriamente. Que vergüenza saber que hay una parte de mí tan frágil cómo una adolescente ignorante, que vergüenza esas feas cicatrices que aparecen bajo el sol en los días de verano, que patético sentir miedo de esta manera y que increíble que quienes más me quieren, te han llegado a odiar con tal propiedad, cómo si les hubieras lastimado a ellos directamente y ahora cómo les digo a todos que de tal modo estarían odiando pequeñas fracciones arraigadas en mi alma, en mis palabras, en mis gestos, en esta mirada fría que te aprendí.
miércoles, 20 de julio de 2011
divagaciones sobre bien y maldad
Recuerdo un momento de mi vida en que me di cuenta de ciertos impulsos y pensamientos que yo calificaba de negativos, en ese entonces era muy niña y muy creyente en dios, así que recuerdo haber ido a la capilla y haberme escondido detrás de el altar, debajo de una imagen de Jesús crucificado y recé, le pedí que me hiciera buena con todas mis fuerzas. No sé porque tenía tanto miedo de convertirme en una mala persona, creo que hasta el día de hoy persiste en mí un miedo a actuar mal. Cuando salí de cuarto medio yo ya no creía en la iglesia, ni en dios. No tengo una explicación clara de porqué dejé de creer, fue sólo algo que dejé de sentir. Para mí al final lo importante siempre fue actuar correctamente, sin temer a un infierno y sin esperar un cielo. Sabia ya bien que mi infierno era el peso que podía imponer mi propia consciencia. Ahora la tarea más difícil es descubrir que es actuar bien, qué es lo correcto, nunca pensé en la posibilidad de tener tanta influencia en la vida de otras personas, mis actos pueden herir hondamente a los otros. Dan ganas de salir corriendo y no dejar que nadie se te acerque. Pero la línea se vuelve difusa, cuando mis sentimientos me impulsan a buscar la cercanía de alguien. Entonces realmente no sé cómo actuar, porque el amor me vuelve vulnerable y débil, la opción de huir deja de ser posible. Y ya no soy capaz tampoco de exponerme a los daños cómo la primera vez, soy precavida y pongo mis escudos, mis salvavidas y mis pasos se vuelven lentos y temblorosos y cuando me veo amenazada retrocedo, observo y espero.
martes, 19 de julio de 2011
de Harry Potter y las reliquias de la muerte
Finalmente vi el final de la saga de Harry Potter y debo decir que con sorpresa derramé mis lágrimas durante la película. Honestamente no lloré por la película en sí, sino por el significado real que tuvo para mí. Mientras veía esas escenas en que la magia era la protagonista, volví a mi primer encuentro con los libros de Harry Potter, cuando mi mamá solía llevarme de vez en cuando a la librería y me dejaba elegir un libro a gusto, cosa que ella sabia, me hacia increíblemente feliz, yo con unos 11 años honestamente escogí el libro por la portada, dónde se veía al niño de lentes luchar contra una serpiente y con una ave color rojo tras de él, cuando lo pedí la vendedora, me dijo que esa era el segundo y me enseñó el primero, el cual acabé comprando. Lo leí en días, me atrapó en forma inmediata. Así en medio del cine, me vi, cuando leía en las filas de la oración en las mañanas y la profesora me golpeaba el libro por detrás dándome en la cara con las paginas, o en los recreos, cuando abandonaba la horas de juego para leer. En ese tiempo todo era una creación de mi mente y fue un mundo infinitamente más mágico que el que cualquier película podría ofrecerme. Las aventuras de Harry Potter me acompañaron toda mi infancia y crecimos juntos y hoy fue bonito y emocionante recordarlo, mientras veía el final en el cine. Y eso, eso es magia para mí, esa absurda felicidad que me embargó por completo.
viernes, 8 de julio de 2011
vivir sin mí
Yo vivía en una burbuja, había decorado las murallas con dibujos de mi infancia y la había amoblado con sueños, dentro de ella reinaba una felicidad ingenua e infantil que era mi única realidad y todo el resto lo veía desde lo alto y me parecía ajeno e irreal. Del día en que mi burbuja se destruyó poco recuerdo, pero de lo más alto llegué a lo más bajo, a las profundidades y me levanté aturdida y enloquecida, ya sin mis muros coloridos protegiéndome me armé con puro orgullo y pasé a estar constantemente sonriente, ebria y pérdida sin saber quien era, pero sonriente, triste y devastada, pero sonriente, planeando acabar con mi vida pero sonriente, siempre siempre sonriente. Siempre contando mis tristezas entre risas, para que el resto riera conmigo, porque si alguien me dirigía una mirada de lastima, me sentía realmente herida y patética. De pronto ya no confiaba en nadie, todos me habían fallado, familia, amigos, pareja y yo los maldecía para mis adentros, mandándolos a la mierda a todos, buscándolos a ratos cuando la soledad pesaba más de lo soportable. Al final me di cuenta que tenía el corazón podrido, me habían envenenado y yo sólo lo dejé estar. Había bajado 15 kilos para ese entonces, me había cortado el pelo con mucho estilo y había comprado un montón de ropa. Comenzó a hacerse me habitual ir a discos, dónde siempre se me acercaban mujeres a hablarme sobre mi pelo, mi aroma, mis ojos, mis labios, mi estilo y luego me pedían un beso, a modo de recompensa por lo piropos, a mí ya en estado etílico, me daba lo mismo, así que las besaba y luego fingía ir al baño para no tener que escucharlas más. En eso me había transformado: en un envase vacío, en una adicta al alcohol y al carrete. Porque ebria no sentía nada, me borraba y dormía sin pesadillas, con la mente en blanco. Entonces una amiga me escribió, una ex compañera del colegio y me dijo, que esa no era yo, qué que estaba haciendo y luego la parte que me golpeo más fuerte que me había transformado en mi ex. Corrí al baño a vomitar y me vi en el espejo, desgastada, con ojeras, pálida y con los ojos inexpresivos. No era yo, no era yo en lo absoluto y me eché a llorar amargamente durante horas y así seguí por varios días, dejé de salir, saqué todos los recuerdos dolorosos de mi pieza y los metí en una caja, empecé a llamar a mis amistades más antiguas, las que realmente me conocían, dejé de tomar por completo y empecé a hacer mucho ejercicio. Me levanté, aún ni sé cómo, pero lo hice y me sentí tan orgullosa de mí misma y desde ese entonces ya nada me parece tan terrible, siempre pienso en la solución, en el lado positivo del asunto, aunque sea una mierda gigante la situación. Lo que sí, mis ojos nunca volvieron a ser los mismos.
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