lunes, 6 de diciembre de 2010

Me hiciste pagar

 Abrí mi boca para pedir tu perdón, pero me hiciste callar, la rabia se había apoderado de ti y tus ojos de amor de pronto me miraban como a una extraña. Me empujaste haciéndome caer de espaldas sobre el colchón, yo no te dije nada, de algún modo deseaba que te desquitaras, aún lo recuerdo, sentí tu cuerpo sobre el mio, tus piernas me atrapaban, trate de incorporarme para hablar, pero nuevamente me interrumpiste con una fuerte cachetada en la cara, que dejo mi mejilla encendida y mi ojos empañados.
 Dijiste que lo sentías... pero que lo necesitabas, tus manos llegaron a mí como golpes, disimulando ser caricias, me decías al oído cuanto me amabas y me odiabas. Yo me sentía ausente... desconectada de mi cuerpo que te observaba sin sorpresa ni reproches. En algún lugar de mi mente, simpatizaba con tu dolor y quería torturarme también. Entonces de la nada tus ojos se llenaron de lágrimas y dijiste: Ves cuanto te amo... te quiero odiar con todas mi fuerzas y estoy acá haciendo el amor contigo. Entonces esa habitación se lleno de un triste amor que nos consumió, ambas llorábamos sin entender como habíamos llegado a tal punto. Cuando todo acabo, tú sólo querías seguir llorando y yo permanecía inmóvil, con la piel arañada, la cara enrojecida y con tus mordidas marcadas. El corazón me pesaba tanto, que quería suplicarte que me lo arrancaras de raíz y me dejaras allí congelada e inexpresiva.

 Nos hicimos tanto daño y tantas veces, que olvidarnos y fingir que nunca nos conocimos fue nuestra mejor decisión.

No hay comentarios:

Publicar un comentario